¿Quién vive en la piña debajo del mar? Si es que... Hay por ahí un niñito de 25 años al que le encanta esa cancioncita y la serie del bichete amarillo, a tanto llega su pasión que, por muy surrealista que parezca, el viernes y sábado pasado estuve junto a él confeccionando (y es mucho decir) un disfraz de este personaje para lucirlo en pleno mes de julio, con la excusa, eso sí, de una fiesta de disfraces. Una caja de cartón, un poco de pintura y mucha paciencia, aunque al final valió la pena, quedó bastante bien. Lo mejor de todo fue ver la ilusión de su cara cuando lo miraba y decía: "¡¡¡Es la puta bomba!!!!". Aunque trabajamos contra reloj para terminarlo en dos días y nos cansamos mucho, yo me lo pasé pipa, hacía mucho que no pintaba nada, no estoy muy inspirada últimamente en ningún aspecto (algunos sabéis el porqué) y me alegra saber que no he perdido muchas facultades!!!
El principio de la semana y el final de la anterior también fueron geniales, celebración del cumple de mi niño -llamémosle Bob (;p)-, playita, helados, caminatas al super de la playa para comprar la merienda, jugar a Batman y descifrar eningmas de Enigma, cenas en el chino, en los montaditos, en el María..., cine a ver Toy Story 3 y cariñitos, muchos cariñitos!!!!!!! Esto último es lo mejor, sin duda!
Estos días de playita he podido hacer algo que me apetecía desde hace tiempo y no encontraba el momento, leer obras de Oscar Wilde, porque siempre me ha llamado la atención el siglo XIX y en especial el romanticismo en el arte y la literatura. He podido leer El retrato de Dorian Gray y La importancia de llamarse Ernesto (por esta última viene el título del post) y me encantaron las dos, me parece increíble la forma de escribir de Wilde, la profundidad y filosofía de sus palabras, aunque no siempre esté de acuerdo con lo que quería decir. A veces incluso, con Dorian Gray, costaba encontrarle sentido completamente en esas largas charlas y discusiones, porque con lo burra que soy yo para la filosofía y con los intrincados pensamientos de hace dos siglos que planteaba, la lectura se convertía en un reto y un placer. Te hacía pensar. Aportaba algo. Aportaba mucho. Reflexiones sobre la forma de entender la vida...
Aprovechando la coyuntura, anoche descargué la película que estrenaron hace alrededor de un mes, con actores casi desconocidos, por lo menos para mí (sólo conocía a Colin Firth) y la vi. Craso error. No sé por qué algunos directores disfrutan tanto destrozando clásicos con esa facilidad, y eso que no tenía muchas esperanzas en que fuese buena. Es el mayor free-style en una adaptación de un libro al cine que he visto en mi vida (y eso que con Troya casi me da algo...). Miles y miles de errores, cosas que nunca sucedieron, cosas que sí, pero de otra forma completamente distinta y, lo que ya clama al cielo, ¡¡¡¡personajes inventados!!!! Vamos, que está basada en el libro, si me apuras no debería ni llevar el mismo título. Horripilante. No doy más detalles porque no sé si alguien pretende leer el libro o ver la peli. Yo recomendaría que, si habeis leído el libro, perdierais una hora y media de vuestra vida para ver la sarta de barbaridades y aberraciones que han surgido de la cabeza de algún blasfemo literario!!!!!
Por ahora nada más por mi parte, hasta la próxima!!!
Música: El príncipe de la dulce pena parte IV, Mägo de Oz.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada